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viernes, 28 de febrero de 2014

Chandigarh, Ciudad bella - India

Me explicaron que Chandigarh, es una de las únicas ciudades en India que han sido planeadas. Leí algo acerca de esta ciudad antes de viajar y me llamó la atención, en la información que encontré, que el plano de mayor envergadura de la ciudad está en damero, tal cual las principales ciudades latinoamericanas. 

Quise recorrer la ciudad caminando. Siendo mitad Geógrafa, mitad Historiadora era necesario. Creo que de otro modo no se aprecian los lugares que queremos conocer.

Hubo una diferencia un poco mayor en distancias ya que estas correspondían a millas cuadradas. Debí olvidarme de la cantidad de pasos que debía realizar cotidianamente en mis ciudades en Chile para lograr cruzar una calle. Acá se notaba la diferencia en casi la mitad más que lo acostumbrado.
Me sorprendí gratamente por la cantidad de áreas verdes existentes en todas y cada una de las millas cuadradas que caminé. Creo que 1/3 de cada una de las millas cuadradas correspondía neta y exclusivamente a áreas verdes. Creo que es uno de los encantos de la ciudad el poder encontrar estos espacios abiertos, quizás no con michos árboles pero sí ordenados, limpios y verdes que le dan un aire de tranquilidad y de descanso a cada una de las pisadas.  Estuve un mes completo en la ciudad y todos los días encontraba y recorría lugares nuevos.

Otra de las cosas que me llamaron la atención era la disposición de los centros comerciales y los ingresos a éstos. Algo poco común en Chile es encontrar estacionamientos exclusivos para clientes en los centros comerciales y libres de pago. Chandigarh dispone de este tipo de servicios sin costo y con áreas abiertas.  Es raro
siquiera considerar esa posibilidad en Chile y más aún en mi ciudad, Concepción. A pesar de tener como base el mismo tipo de plano, traído por los españoles en el siglo XVI, una de las carencias en mi país es la falta de espacios más abiertos.

Destaco el orden de la ciudad y la disposición de estos espacios por la misma razón, el fortalecimiento del comercio y la población en general. Los edificios departamentales, en un 90% se encuentran en la zona media de las millas cuadradas, lo que hace que los espacios se vean más grandes y por tanto el flujo de personas que llegan interesadas en la adquisición de bienes no sólo lo hagan a través de sus vehículos sino, además, a pie o incluso en motocicletas o bicicletas, propiamente tal. Menciono estos dos últimos medios de transporte como parte arraigada de los habitantes y que no son menores en cantidad a los existentes en vehículos motorizados de hasta 1000 kilos.
Una de las dificultades que creo que enfrenté, como todo occidental en India, es la del cruce de calles, la del tránsito y la dirección de éste. En varias oportunidades casi me atropellan debido a lo mismo. En mi mente aún tenía la idea de una dirección, la propia (hacia la derecha por el lado derecho y hacia la izquierda por el lado izquierdo) habilidad casi innata adquirida a lo largo de mi vida y casi naturalmente cruzaba la calle  (peligrosamente) pero debía concentrarme bastante para no cometer un error al dar el primer paso en cada esquina, en cada "intento".
Otra de las dificultades de la ciudad, y por lo que me dijeron mis anfitriones que ocurría en toda India, era la del flujo vehícular y la locura de casi no haber visto semáforos. El claxon sufre en India. Todos lo tocan, incluso para señalizar que se hará un viraje pequeño en un pasaje, hasta el más mínimo. No es extraño que hasta las bicicletas tengan una sirena que utilizan como malos de la cabeza. El ruido provocado es casi insostenible. Así lo sentí los primeros días que estuve recorriendo. Con el pasar de una semana ya me había acostumbrado al horror de dirigirme, especialmente a las calles principales, avenidas en la cual hay rotondas que demuestran la pelea al volante por quién puede pasar primero.

No puedo dejar de mencionar que otra de las sensaciones que tuve fue la de los colores. Sentí que los colores eran absolutamente diferentes en muchos aspectos a los percibidos en mi ciudad natal. No me refiero al color de la piel de las personas porque eso es evidente que cambia. Es otra cultura. Me refiero a los colores de las calles, de los árboles, del aire, de los centros comerciales, incluso de la incomparable "coca cola" que podría haber sido un indicador de que yo estaba equivocada pero no.

Una de las carencias que vi fue la falta de veredas destinadas al tránsito peatonal. Me encantó la cantidad de áreas verdes existentes. No hay duda en ello pero me llamó la atención esta carencia de espacios destinados para el tránsito peatonal incluso en las avenidas, debido a que las calles son enormes. Probablemente tenga que ver con el aspecto religioso sobre el cuidado y respeto por los espacios y medio ambiente que se da de por si sólo, al parecer, en la ciudad. y en el resto de los lugares, sin duda. Me puse a pensar en ello al encontrarme, en aquellas calles que sí disponen de vereda, con el respeto al espacio que corresponde a los árboles. No se les toca y se construye alrededor con tal de no interferir en su crecimiento.