Voy de camino a la ciudad de Chandigarh, en India y debí hacer escala en Qatar, específicamente en Doha. Hice una escala en ese aeropuerto y hay tanto detalle que contar, como el hecho de que media hora antes de aterrizar nos avisara la azafata que ya estábamos llegando, que debíamos despertar y que nos preparáramos. Divisé a través de la ventanilla un monstruo urbano que me dejó atónita! .. una hora antes chequeaba a través de la ventana y lo único que se distinguía en medio de la semi oscuridad era un paisaje café claro que probablemente era sólo desierto. El monstruo urbano era tan colorido y gigante como nunca vi antes. Lo más grande que vi en mi país, Chile, siempre fueron edificios de tamaños medios que no excedían los treinta y algo pisos. 
Estábamos muy arriba y parecía que el avión toparía con la cima de esos gigantes de acero y concreto llenos de color y de formas arquitectónicas que peleaban entre sí para destacarse. El avión comenzó a girar y girar durante 30 minutos. Luego de ello al parecer íbamos a descender y a pesar de llevar su buen momento en ello las edificaciones parecían aún monumentales. Al parecer encontrarme en uno de los países más ricos del mundo también demostraba que incluso un aeropuerto lo podía demostrar.
El avión aterrizó y finalmente se detuvo. El edificio no se encontraba cerca y lo que vi al descender fue un bus muy similar, por no decir, del mismo tamaño que los del transantiago en el cual debía subir para que nos llevara a la entrada adecuada según nuestro color de ticket de vuelo. Yo tenía el color amarillo. Habían anaranjados y además morados. El bus recorrió a una velocidad promedio de 45 kilómetros por hora, aproximadamente 30 minutos antes de llegar a la primera puerta que le correspondía a los morados, probablemente primera clase según lo que recuerdo, luego, 10 minutos más tarde los naranjos y finalmente los amarillos. La cantidad de personas que venían en el avión era de aproximadamente 300 por lo que no me extraña el haber visto como 3 o 4 buses al descender. Yo subí al 2. Conté más de 70 compuertas en las que veía se bajaba mucha gente así como luego nos tocaría a nosotros. Probablemente serían más y más. Me bajé en la compuerta que indicaba mi color y me encontré con una sala de demasiadas personas, demasiados colores, demasiados olores y lo más impactante, demasiados idiomas. Sentí estar en una especie de encuentro mundial y una sensación extraña me invadió. Me sentí abrumada.
Hice la fila para las personas de ticket amarillo y vi que más adelante se les exigía sacarse los zapatos y objetos de metal incluso ínfimos. Hice lo mismo y finalmente me tocó el turno. Yo llevaba mi mochila y mi maleta más pequeña en cabina. Una mujer musulmana, por su turbante alrededor de su cabello, pero con su cara descubierta, con rasgos asiáticos, me frenó de lleno y me preguntó por una cartera que llevaba al interior de mi blusa pues se marcó como metal en el detector.
Le dije que era dinero y en forma brutal me preguntó nuevamente si era eso y le respondí que sí sin dudarlo. Me recomendó que lo mostrara y le dijera cuanto era y calculé por lo que había sacado, con algo de nerviosismo pues su presencia era muy amenazante. Luego me preguntó por un bulto en el bolsillo de mi pantalón a lo cual le respondí lo mismo y lo chequeó por fuera con sus manos. Luego de ello me dejó pasar. Me sentí aliviada pero a su vez abusada y algo desmembrada y aturdida por el grado de agresividad con el cual actuó y creo que debe hacerlo, finalmente es su trabajo y una medida de seguridad necesaria.
Tenía 5 horas de diferencia con mi próximo vuelo así que me dirigí a buscar la compuerta que correspondía a mi próxima salida a Nueva Delhi. Habían señales incluso con números sobre 100 compuertas, diría unas 200. Hay que imaginar que el bus se tardó aproximadamente 45 minutos en llegar, era como rodear mi ciudad natal, Concepción. Ese era el grosero tamaño del aeropuerto ... sí, ese era. Me demoré 10 minutos en llegar al lugar que me correspondía y estaba repleto de gente por lo que no había asiento. Busqué un lugar en el suelo como muchas personas que vi y además un enchufe para cargar mi celular ya que había señal wifi y quería decir que estaba bien o al menos ahí en ese lugar.
De pronto y con tan largo viaje desde Argentina la necesidad de un baño y de "limpieza" me vino como una imperiosa urgencia por lo que tomé mis bolsos y busqué un baño. Llegué y estaba repleto de colores, de idiomas, de mujeres que parece que venían de todo el globo, tan distintas y tan diversas como jamás vi antes. Mientras se desocupaban los inodoros me dispuse a lavarme la cara. Mientras lo hacía llegó una mujer completamente de negro, musulmana. No se le veía más que sus ojos y se instaló a mi lado. No pude evitar el impacto emocional y social que eso causó en mí y al parecer en casi todas las féminas que estaban ahí en ese momento. Todas dirigían sus miradas hacia ella y yo seguí en mi labor, que incluso me hizo sentir desnuda ya que yo andaba sólo con una polera y un escote de groseras proporciones para ella, pensé. Sacó sus manos mientras yo notaba todas su acciones a través del espejo y luego se dispuso a lavarse la cara, algo que ni yo ni nadie pudo lograr captar, su cara, ya que lo hizo tan rápidamente, tan sutilmente y con tanta habilidad que nadie la notó. Subió su turbante de manera tal que nadie vio nada pero su movimiento fue muy, pero muy rápido. Creo que se sintió observada más de la cuenta por lo que luego de ello secó sus manos y se fue rauda del lugar. Ninguna de las presentes en esos momentos decía palabra, no había otra musulmana con esas características ahí en el baño y luego de su ida observé que todas tendimos a mirarnos, sin conocernos, sin saber el mismo idioma pude sentir que todas se sentían impactadas por la presencia de esa mujer y como un coro se noto el esboce de una sonrisa general de impacto junto con grandes ojos.
Terminé mi labor de limpieza e higiene personal y me fui a esperar mi próximo vuelo a Nueva Delhi...
Terminé mi labor de limpieza e higiene personal y me fui a esperar mi próximo vuelo a Nueva Delhi...
